La curiosidad, los referentes y el contacto directo con la ciencia real pueden marcar una vocación para toda la vida. Natàlia Moreno, investigadora del IDAEA-CSIC, explica cómo el programa Magnet acerca la ciencia a las aulas y por qué es tan importante que las niñas vean a mujeres dedicadas a la investigación.

Natàlia Moreno, investigadora del IDAEA-CSIC y coordinadora científica de la Alianza Magnet
El 11 de febrero, desde hace ya una década, se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia con un doble objetivo. Por un lado, visibilizar el trabajo de las mujeres que se dedican a áreas de ciencia y tecnología (STEM, por sus siglas en inglés) para favorecer la presencia de referentes femeninos desde la infancia. Por otro, busca indagar en los diferentes factores que afectan a la situación actual de las mujeres en este campo y así, fomentar prácticas que conduzcan a la igualdad de género en el ámbito científico.
La divulgación científica se convierte en una poderosa herramienta para alcanzar estos objetivos y despertar vocaciones científicas desde edades tempranas. Un ejemplo de ello es la alianza Magnet, el programa impulsado por el Departamento de Educación y Formación Profesional de la Generalitat de Cataluña, la Fundación Bofill y el Instituto de Ciencias de la Educación de la UAB, en colaboración con el Consorcio de Educación de Barcelona. Esta alianza entre centros de investigación y escuelas busca mejorar el éxito educativo y la equidad, a la vez que transforma la ciencia en un área apasionante y visibiliza la labor de científicas reales.
Una de las coordinadoras de esta alianza entre el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC) y la Escola Mas Falcó es Natàlia Moreno. Mineróloga ambiental y científica titular del IDAEA-CSIC, su carrera académica ha estado marcada por ser la responsable del laboratorio de rayos X del centro de investigación. Hablamos con ella sobre su experiencia en el proyecto Magnet y el potencial de éste para despertar las vocaciones científicas de las más pequeñas.
Pregunta. ¿De qué manera contribuye el IDAEA al trabajo del profesorado y al aprendizaje de los estudiantes gracias a Magnet?
Respuesta. La colaboración entre el IDAEA y el programa Magnet comenzó hace alrededor de un año y medio. El match entre el IDAEA y la escuela pública Mas Falcó surgió a partir del interés del centro por trabajar temas de medioambiente, como el cambio climático o la contaminación. La escuela buscaba apoyarse en el conocimiento científico experto del IDAEA para reforzar su proyecto educativo en este ámbito, de tal forma que comenzamos a preparar sesiones con actividades prácticas junto al profesorado.
Uno de los objetivos principales de la alianza es que el centro educativo y el profesorado vayan ganando autonomía y observen cómo cambia su manera de entender y trabajar la ciencia con el paso del tiempo. También se refuerza al profesorado proporcionándole herramientas útiles para trabajar temas científicos. Los profesores y profesoras dominan muy bien aspectos como la pedagogía, la psicología y todo lo que implica ser docente, pero los investigadores pueden ayudar a pensar cómo tratar ciertos contenidos de ciencia. A veces, con que una investigadora vaya un solo día al centro ya se produce un impacto muy enriquecedor.
P. ¿Qué cambios han observado en el colegio y en la comunidad desde que participan en Magnet?
R. No es lo mismo ir puntualmente a un centro para hacer un taller que formar parte de un proyecto continuado de cuatro años como Magnet, que realmente transforma la identidad del colegio. Para nosotras, como investigadoras, este proceso es muy gratificante.
Un ejemplo claro del impacto es lo que nos ha comentado la dirección del centro. Este año, en las jornadas de puertas abiertas, ha habido familias que se han interesado por la escuela debido al valor añadido didáctico que aporta Magnet.
Este cambio se debe en gran parte al “boca a boca”. El hecho de ser una escuela Magnet se ha difundido en el barrio y ha generado un interés diferente por el centro. Las familias buscan un valor añadido, conocen los proyectos que se realizan y los comentan entre ellas, lo que demuestra que el impacto del programa va más allá del aula y llega también a la comunidad.
P. Enmarcándonos en el 11F ¿dirías que el programa genera un impacto en las niñas?
R. En cuanto al impacto directo en las niñas, todavía es difícil de detectar de forma clara. La huella del programa se percibe más fácilmente a nivel social, como antes he comentado, en el barrio o incluso en la ciudad de Barcelona. Sin embargo, en el caso concreto de las niñas, se trata de un trabajo a más largo plazo cuyos resultados no siempre son inmediatos.
Aun así, es importante seguir apostando por este camino. Muchas vocaciones científicas nacen gracias a referentes concretos, como profesoras que despiertan el interés y la curiosidad. En mi caso personal, mi decisión de dedicarme a la ciencia estuvo muy marcada por docentes que me supieron transmitir esa pasión. Por eso es fundamental trabajar en edades tempranas, especialmente en primaria, donde se puede conectar fácilmente con la curiosidad natural del alumnado y generar referentes positivos. Al hilo del 11F creo que es importante que las niñas visibilicen a mujeres que nos dedicamos a la ciencia.

Trabajo de campo en el bosque de Collserola con alumnas y alumnos de 5º del primaria de la esceuela Mas Falcó. Actividad desarrollada dentro de la Alianza Magnet
P. ¿Por qué es importante que las niñas tengan referentes femeninos en la ciencia?
R. Contar con referentes femeninos es fundamental para que las niñas se vean a sí mismas como futuras científicas. Que no necesariamente tienen que estar interesadas en este camino profesional, pero, sobre todo, que no lo conciban como algo imposible para ellas. Las niñas empiezan a formarse opiniones sobre lo que les gusta desde primaria, por lo que contar con modelos cercanos puede ser determinante.
P. Desde tu experiencia, ¿cuáles son los principales obstáculos para las mujeres en STEM?
R. Aunque hoy en día, desde la política se ofrecen accesos más igualitarios a permisos parentales y oportunidades laborales, todavía existen limitaciones importantes para las mujeres en la ciencia, especialmente cuando somos madres. Por ejemplo, en mi generación no existía la baja de paternidad como la que hay ahora, y aunque estas políticas han mejorado, aún hay situaciones que generan sesgos, como la brecha salarial. Esta brecha salarial provoca con frecuencia que las reducciones de jornada recaigan en las madres, dado que suele ser la alternativa más conveniente para la economía familiar, evidenciando así un sesgo estructural y persistente.
Además, el trabajo científico a menudo implica viajes y horarios exigentes, lo que resulta especialmente complicado para las madres que tienen que cuidar a niños pequeños. Estas dificultades contribuyen a lo que se conoce como el “efecto de la tubería rota”, que se refleja en que, a medida que se asciende en la carrera científica, hay un porcentaje mucho mayor de hombres en los altos cargos que de mujeres.
Por eso, aunque la igualdad ha mejorado, es fundamental reconocer y visibilizar estas limitaciones para poder corregir los sesgos y fomentar que más mujeres puedan desarrollar plenamente su carrera científica.
P. ¿Qué le dirías a una niña que quiere dedicarse a la ciencia, pero no tiene muchos referentes o tiene dudas?
R. Le diría que, si siente pasión por la ciencia, o por cualquier cosa que le guste, no deje que nada la detenga. Aunque en su casa no tengan dinero para la universidad o para estudiar, siempre existen becas y apoyos para quienes se esfuerzan y quieren aprender. No se trata solo de la universidad: si quiere formarse en cualquier oficio o disciplina, seguro que encontrará la manera de hacerlo.
Aunque hoy no tenga muchas científicas cercanas en su entorno, hay muchas mujeres que han hecho ciencia antes que ella y que pueden inspirarla. Conocer esos ejemplos y poder decir “yo de mayor quiero ser como ella” ayuda a imaginar un futuro posible.
Lo más importante es que no se ponga límites a sí misma. Si siente la curiosidad o la llamada por algo, que siga adelante con confianza y sin miedo.
Julen Segura Abarrategui
Investigador predoctoral del IDAEA-CSIC








